Veinte poemas de amor y una canción desesperada


Título: "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", basado en un libro de poemas de Pablo Neruda, poeta chileno.

Cuando mi padre levantó con todas sus fuerzas la jaula desgastada con el tiempo y la arrolló, soltándola vehementemente contra el frío y duro suelo, no miré su roja cara corrompida por la ira, sus titánicos movimientos o su grito de furia, no. En lo que me concentré realmente fue en ese canto, en un piar de angustia y desesperación que penetró en mis oídos como el sonido de una pistola al ser disparada, como el grito de una mujer al ser golpeada por su marido, como el trueno que da inicio a una colosal tormenta.

No quise mirar al suelo, pero en mi mente podía ver la imagen de la jaula rota, con los barrotes oxidados y el cadáver del indefenso ruiseñor en su interior, inerte sobre el suelo, que lo abraza antes de ser llevado a un lugar mejor por la digna muerte.

En ese momento sentí que mi mente se iba. Mi conciencia, obteniendo forma de fénix avivador, voló lejos de mi cabeza en unas milésimas de segundo para transportarse a tiempos pretéritos. Podía ver en lontananza una figura algo encorvada que se iba acercando, y cuya forma se definía más a cada paso que daba. Sus cabellos níveos vestían un moño que gobernaba sobre su cabeza, mientras una larga falda caía haciendo campana a su alrededor. “¡Abuela!” pensé.

Entonces me di cuenta de que seguía caminando y me atravesaba, como si fuera un espectro, y avanzaba más lejos. Ahí fue cuando vi al niño, que sollozaba con llantos pueriles, arrodillado en el suelo. Me fijé más: esa criatura era yo hacía ya más de quince años. ¡Cómo había cambiado todo, y qué rápido había pasado el tiempo!

-Niño, no llores más, te he traído un regalo que te encantará. –Dijo la abuela con su dulce voz. Aquellas pocas palabras cambiaron radicalmente la situación, y el rostro de mi infancia pasó de una profunda tristeza a otra gran jovialidad. La mujer abrió las manos, que hasta ahora las había tenido cerradas juntas, y ahí apareció un pequeño pájaro, que lo miraba todo con curiosidad y desconfianza.

-Recuérdalo, cariño, este pájaro es un ruiseñor. Se dice que esta especie puede hacer muchos sonidos distintos: veinte poemas de amor, durante toda su vida, y una canción desesperada, en el momento de la muerte, que dicen que es preciosa. Son como los humanos, ¿no crees? Podemos decir muchas cosas durante la vida, pero las que decimos en el último momento son las que más hondo en el corazón llegan. Aún así, nadie desea oír la canción desesperada de nadie, ni de seres humanos ni de animales. Qué fácil sería si fuéramos eternos, pero qué monótono, con sólo veinte poemas, sin un momento de suma importancia en nuestras vidas.

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